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Teocintle, la pieza de Iara Chapuis para Milpa Gráfica

Teocintle es la siguiente palabra de nuestra Milpa Gráfica. De acuerdo a la CONABIO, los teocintles son los antecesores directos de los cuales se domesticó el maíz por los antiguos habitantes de Mesoamérica y son un conjunto muy variable de pastos: los hay de ciclo de maduración anual o perennes, y son muy similares morfológica y genéticamente al maíz.

La primera vez que vi un teocintle fue con la familia Baltazar Márquez en San Juan Bautista Ixtenco en Tlaxcala, y este era largo y obscuro. Después en Ejido Unión Zapata varios colectivos de campesinos me mostraron otros de diferentes tonos cafés, algunos más chicos que otros.

Como se menciona en el libro «Origen y diversificación del maíz : una revisión analítica» de Takeo Kato et al. aún falta mayor precisión para saber exactamente dónde y cómo se originó y domesticó el maíz para lo cual se debe continuar la investigación, de ahí que es importante no caer en generalidades y consultar diferentes fuentes.

En esta publicación, que te recomiendo leer a fondo, se integran varias interesantes teorías en el Capítulo IV, entre ellas las unicéntrica y multicéntrica, que son las más extensas, sólidas y que tienen el objetivo de lograr una explicación completa de los procesos de creación y diversificación de este cereal.

«El controvertido tema del origen del maíz empezó a finales del siglo XIX cuando Ascherson en 1895 (Mangelsdorf y Reeves, 1939) propuso la hipótesis de que el teocintle era el ancestro del maíz. Posteriormente, varias teorías fueron propuestas sobre este tópico. La idea de un ancestro común para el maíz, teocintle y Tripsacum fue promovida al principio del siglo XX (Weatherwax, 1918). La hipótesis de que el maíz fue domesticado de un maíz silvestre es parte de la teoría tripartita (Mangelsdorf y Reeves, 1939). La teoría del “anfidiploide” propuesta por Anderson (1945) postula que un maíz primitivo se originó en el sureste de Asia mediante la hibridación y duplicación genómica de dos especies cada una con cinco pares de cromosomas, tales como Coix y Sorghum. Andres (1950), después de que descubrió en Argentina una forma débil de un maíz tunicado llamado “semivestidos”, sugirió que este tipo de maíz fue el ancestro del maíz moderno. Finalmente Singleton (1951) sugirió que el mutante denominado “corn grass” puede mostrar algunos de los caracteres primitivos de tipo ancestral. Goodman (1965), después de haber revisado ampliamente las teorías en curso sobre el origen del maíz, concluyó que “hasta que se conozca más acerca de las relaciones de la genética y morfología entre las Maydeae americanas y orientales, y las Andropogoneae, escribir una historia de la evolución del maíz y/o sus parientes continuará siendo semejante a un intento por completar un rompecabezas con las tres cuartas partes de sus piezas ausentes”. Parece que desde cuando se escribió esta conclusión, muchas piezas del rompecabezas han sido encontradas, aunque no significa que el panorama final ha sido completado. Sin embargo, después de dos décadas Goodman (1988) hace una nueva revisión de la literatura sobre la historia y evolución del maíz y aún encuentra que a pesar de muchos estudios hechos y propuestas de teorías hasta entonces, todavía no existe consenso acerca de cómo y dónde ocurrió el origen y evolución temprana del maíz. El único avance real que ha ocurrido en ese lapso de tiempo ha sido el llegar a un gran consenso de que el teocintle y, en especial el teocintle anual mexicano, es el ancestro del maíz cultivado.»

¿Dónde se encuentran los teocintles en México?

Los teocintles se distribuyen como poblaciones aisladas de diferente tamaño desde el sur de Chihuahua, en México, hasta Costa Rica, pero presentan su mayor diversidad en México. Se pueden cruzar con el maíz y producir descendencia fértil. Por sus similitudes y la factibilidad de cruzarse, se clasifican juntos en el género Zea, que se divide en dos secciones.

La Luxuriantes, donde se agrupan tres especies de teocintle anuales de Centroamérica (Zea luxurians, Zea nicaraguensis y Zea vespertilio), junto a estos una nueva población anual descrita recientemente en el norte de Oaxaca (Zea sp.), y los teocintles perennes de México (Z. perennis y Z. diploperennis) a lo que se agregan dos nuevas poblaciones recientemente descubiertas, una en Nayarit (Zea sp.) y otra en Michoacán (Zea sp.).

La sección Zea, se compone de una sola especie (Zea mays) en el sentido formal o taxonómico, la cual incluye a su vez una subespecie anual de Guatemala (Z. mays ssp. huehuetenanguensis), las subespecies de teocintles anuales de México (Z. mays ssp. mexicana, Z. mays ssp. parviglumis) y al maíz (Z. mays ssp. mays).

La caverna de Guilá Naquitz

En las inmediaciones del Ejido Unión Zapata, en el Valle de Tlacolula, Oaxaca, se encuentran las cuevas de Yagul y Mitla. Ese lugar es muy especial pues en él, dentro de la caverna de Guilá Naquitz, se halló una de las evidencias arqueológicas de la domesticación del teocintle que existen, así como semillas de cucurbitáceas,  familia de plantas típicamente trepadoras como las calabazas, de 10 mil años de antigüedad.

Los restos arqueológicos y vestigios de arte rupestre en estos espacios atestiguan la forma de vida de los agricultores que ahí habitaban. Resulta interesante que todavía existen poblaciones vivas de este pariente silvestre en esta zona. Guilá Naquitz quiere decir «piedra blanca» en zapoteco. Se le ve a lo lejos en la carretera y quizá uno no se imagina la relevancia histórica de estas tierras. El vínculo entre el hombre y la naturaleza es total: el desarrollo de Mesoamérica está intrínsecamente ligado con la domesticación del maíz, así como con el sistema milpa.

Al visitar el paisaje cultural de las cuevas de Yagul y Mitla se sabe aún con más certeza que el maíz nativo no es un discurso de moda sino un tema necesario, ético, que une lo alimentario, lo ambiental, lo mítico, lo arqueológico, lo cambiante y lo atemporal.

Teocintle, la pieza de Iara Chapuis para Milpa Gráfica

Una de las creadoras más entusiastas de esta Milpa Gráfica fue la española Iara Chapuis, quien de manera trasatlántica intercambiaba su proceso e investigación conmigo con emoción y entrega.

Revisó distintas fuentes, buscó los colores adecuados hasta llegar a su bella pieza que muestra los teocintles y la metáfora de las manos de las personas a través de milenios que han hecho posible la transformación.

Su esencia de mujer curiosa e incansable estudiosa del planeta, con una identidad multicultural y abierta, siguen caracterizándola como profesional y la naturaleza es la luz del faro inspirador para ella.

Sobre la creadora

Iara Chapuis, la mujer que es hoy, viene de una niña que creció con una idea clarísima: estudiar y sobre todo, comprender cómo funciona la naturaleza que nos envuelve. Tan fuerte era esa vocación que le dio impulso para llevar a cabo una vida profesional como investigadora en el mundo científico, se doctoró en Biología en el campo de la Ficología (el maravilloso mundo de las algas).

Pero, como nunca se alimentó de una única pasión en esta vida, mientras fue creciendo en una casa de artesanía llena de pinceles y colores, donde siempre la animaron a soñar alto, sin percatarse también iba creciendo dentro de su otro camino. Después de viajar varios miles de kilómetros en bicicleta por diversos rincones del mundo y darse tiempo a descubrir que su forma de hacer ciencia era otra, se le abrió la puerta de la ilustración científica.

No ha dejado de hacer ciencia, simplemente ha cambiado la perspectiva. Antes aplicaba el método científico a la búsqueda de respuestas a sus hipótesis y ahora ese mismo método le resulta muy útil para plasmar a través de imágenes su necesidad de contar historias.

Síguela en Instagram como: @iarachapuis

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