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Nombrar el maíz

Las palabras no son el mapa para andar el territorio, son el territorio

Isabel Zapata, In Vitro

Por: Irene Vázquez Gudiño

En mi pueblo se oía que ya venía la temporada de elotes. También de uchepos —un tipo de tamal hecho a partir de elotes tiernos— y atole de grano —con granos de elotes recién cortados, anís y una pizca de harina de trigo para espesar—, pero nunca llegué a escuchar que se hablara del maíz.

De lo que hablamos cuando hablamos del maíz es de una planta que forma mazorcas, que se componen de granos que son considerados uno de los principales cereales del mundo. Se trata de un alimento básico en México y el mayor cultivo a nivel internacional.

Esto es importante porque solo muchos años después me enteraría que eso era el maíz, una y mil cosas a la vez; y, en Tangancícuaro, que es el nombre de mi pueblo (al norte de Michoacán), no aprendí a pronunciarlo. Decir maíz me suena más bien a un recuerdo que con el tiempo comencé a nombrar, porque en ese entonces maíz era la imagen de plantas verdes y altas que crecían en las parcelas que se empezaban a cosechar a mediados de la temporada de lluvia, cuando la gente regresaba del campo en camionetas llenas de enormes cestos repletos de elotes.

Foto: Beto Cholico
Foto: Beto Cholico

Para mí esta palabra estaba rodeada por el silencio. Mazorca, totomoxtle, milpa, nixtamal y muchos otros términos relacionados los descubrí años después en la Ciudad de México, lejos del campo, del atole de grano y de los uchepos.

La academia me llevó a pronunciar lo que siempre había estado frente a mí, pero ahora con otros nombres, quizá más precisos: mazorca al elote ya maduro, totomoxtle a las hojas del maíz, milpa al sistema de cultivo de temporal que se da con otras hierbas, nixtamal a esa masa que resulta de hervir los granos con cal para después llevarlos al molino…

Y no es que la academia impusiera los nombres y rebautizara lo que yo ya conocía con otros términos; es que me di cuenta de que nunca había cuestionado mi manera de nombrar. De repente la antropología me hablaba del maíz y yo creía que era un desagradable nombre genérico para referirse a los elotes.

Foto: Beto Cholico
Foto: Beto Cholico

El elote ya no era elote sino la puerta de entrada a un exuberante conjunto de definiciones, y hasta la idea de la harina se trastocó. ¿Por qué tenemos que especificar harina «de maíz», pero no harina de trigo? Y, en cambio, ¿por qué en algunos lugares del país cuando hablamos de tortillas damos por hecho que son de maíz y no de trigo?

La manera en que nombramos construye nuestro mundo y esto es tan relevante que, por ejemplo, en este momento tenemos una discusión respecto al uso del lenguaje inclusivo. Nombrar/nombrarnos es reconocer/reconocernos, identificar/identificarnos. No recuerdo al maíz en mi infancia, pero sí a los elotes, a las manos terrosas y llenas de pelitos luego de quitarles las hojas. El maíz estaba ahí.

Anoche le pregunté a mi abuela sobre él y me respondió que este primero se llama jilote y cuando ya está macizo se convierte en elote y luego en mazorca, y de estas se derivan los granos, «esos son el maíz», me dice, y la base, ya sin estos, se llama olote.

Foto: Beto Cholico
Foto: Beto Cholico

Sobre la autora

Irene Vázquez Gudiño es originaria de Tangancícuaro, Michoacán. Estudió Ciencias y Técnicas de la Comunicación en León, Guanajuato y una maestría en Ciencias Agropecuarias en la UAM Xochimilco, donde realizó una investigación sobre el impacto de la migración en el sistema alimentario de Tlacolula de Matamoros, Oaxaca. Le interesan la comunicación y los aspectos socioculturales de la alimentación.

Instagram: @la_de_irelandia

Correo electrónico: irenvag@gmail.com

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2 Comentarios

  1. octubre 1, 2021
    Responder

    Qué bonito texto. Me encantó saber todos los nombres del maíz y sus diferentes etapas. Es necesario nombrar muchas cosas para que no se pierdan nunca. Gracias, Irene.

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