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20 años de mezcal Real Minero: ¡salud y gracias!

Hace unos días festejamos en grande por los 20 años de mezcal Real Minero: dejo por acá el texto que escribí y que leí en esta celebración.

Agradezco que esta familia me haga parte de su historia: hemos compartido ya varias andanzas y amistad. Toda mi admiración siempre.

Para los mayas prehispánicos el futuro estaba escrito en el pasado. El destino estaba enmarcado en una concepción diferente del tiempo y el espacio. Uno de los ciclos calendáricos más importantes para esta cultura fue el de los k’atunes, término que se registra en los textos coloniales de Yucatán. 

Cada k’atun tiene 20 años de 360 días, lo que suma un total de 19.71 años solares. Durante el periodo Clásico (250-900 d.C.) ese lapso recibía el nombre de winikhaab’, término que significa «veinte años». 

Los mayas solían celebrar la terminación de esos ciclos mediante complejos ritos que incluían erigir estelas y otros monumentos, que se amarraban con sogas para ponerlos de pie. Esos actos recibían el nombre de k’altuun, «atadura de piedra».

No somos mayas, estamos en el siglo XXI y en veinte años sucede tanto: una persona se vuelve adulta, un país cambia, muchos sucesos acaban, otros permanecen. Recuerdo la primera vez que bebí un mezcal de un maguey que me presentaron como veinteañero y me sorprendí, se me enchinó la piel. 

No recuerdo exactamente de dónde era porque la memoria falla y solo selecciona lo que impresiona, lo que impacta, lo que importa, lo que ama o lo que duele. 20 años son los que esa planta tuvo que vivir para estar en aquel vaso que se extinguió y a la vez persiste. 

Un k’atun, hace 20 años, hace dos décadas, Real Minero comenzó su historia, una historia que como todas las historias humanas ha tenido alegrías, dolores, tragedias, fortunas, aciertos, errores…. 

Lorenzo Ángeles y Candelaria Carreño, su esposa, fundaron Real Minero en este terruño, en Santa Catarina Minas. Él fue el maestro mezcalero de esta empresa familiar hasta 2016, amaba el campo y llegó a este mundo un 10 de agosto de 1949 hasta su partida el 15 de diciembre de 2016. 

Candelaria es parte vital de Real Minero ya que codo a codo trabajó con Lorenzo en cada proyecto en común, desde el molino que tuvieron antes de su historia mezcalera. Todo el pueblo iba con ellos a moler su maíz. Su jornada empezaba a las cuatro y terminaba a las 10 de la mañana, sin parar. 

Además de todo lo que le requería el cuidado minuciosos de sus hijos e hijas, Elvia, Eduardo, Rolando, Graciela, Edgar, Adriana y Myriam, quienes también se fueron involucrando en cada labor en la época que a cada quien le tocó, para luego cada quien tomar su camino, algunos aún en Real Minero, otros en sus propios proyectos.  

Cande preparaba la comida para quienes trabajaban en el palenque, también vendía ropa y trastes de barro que se traía de Santa María Atzompa. En Día de Muertos vendía muchos jarros, floreros y cazuelas para el mole. Cuando se trata de trabajar ella nunca se echa para atrás.

Roberta Mendoza y Paulino Ángeles fueron los padres de Lorenzo, pero Modesta Ángeles “Moda” y Francisco Ángeles “Papa Chico”, sus abuelos paternos, fueron sus pilares formativos. 

Nicolás Arellanes Ángeles —quien era primo hermano, padrino de boda y hasta compadre de Lorenzo— fue una figura central para la familia Ángeles Carreño desde el principio. Él compró la tierra donde se erigió el modesto palenque Tierra Blanca —que hoy aloja el esfuerzo de años de Real Minero—.

Lorenzo sabía del tema por sus abuelos, más la política llegó a su vida en esa época. El camino lo llevaría a adquirir estos mismos terrenos. Él fue Presidente Municipal de Minas de 1973 a 1975, y aunque estuvo un poco más en la política, le compró a Nicolás el palenque en 1978. 

«Antes tenía sus galeritas de lámina, sus cercaditas de carrizo. Pasaron muchos años para poder hacer todo esto de ahora. La canoa era de piedra todavía y en ese entonces solo se hacía con mazos. No tenía techo. Cuando tapaban y estaba lloviendo tenían que apurarle para que no les agarrara el agua. Era mucho problema. Así fue como empezamos», narra Candelaria. 

Fueron épocas duras en las que sus chamacos crecían y estudiaban. «Ahora si que hasta la vergüenza ya perdí», le decía él a su mujer cuando iba a ofrecer el mezcal con los huaraches y los jorongos que eran sus infaltables prendas, se sentía muy orgulloso al portarlas a pesar del racismo y clasismo aún presente en esta Oaxaca, en este México, de claroscuros. 

«Mi esposo le luchaba y a los que hacen barbacoas les vendía la penca. A veces yo lo acompañaba. Cuando vendía hartitas nos iba bien. Yo ayudaba a quitar las espinitas y limpiarlas», confiesa Cande. Ella es fundamental en esta historia. Hay mujeres como Cande por escuchar en los devenires de los palenques mezcaleros.

«De lo que se había proyectado hace una década ya casi se alcanzó todo, sobre todo ser sólidos como marca, que se conozca, exportar, generar empleos locales, no maquilar y sobre todo, demostrar que se puede ser una empresa rural con capacidades. Romper el paradigma de que la calidad solo se da si se tecnifica ya se cumplió», expresa Graciela quien a su vez, ahora también coordina un equipo en el que hay colectividad, mujeres y hombres, de varias edades. 

En Real Minero se trabaja en equipo, Elvia, Graciela, Edgar, Adriana y Myriam, día con día resuelven para un fin en común, se busca mayor vinculación del campo y proyectos multidisciplinarios como el proyecto LAM y la biblioteca El Rosario para continuar de manera sostenible, y sobre todo se desea “que no se pierda la humildad ni el origen” en la vida y por ende, en el mundo del mezcal. 

«Tenemos un reto complicado que nos toca a nosotros que somos la cuarta generación y es que esto continúe con la quinta, con los 16 nietos, y que ellos entiendan cuál es su papel histórico», confiesa Graciela.

«Porque solo lo auténtico perdura» es su lema. Celebramos con orgullo y en compañía, en complicidad y gozo, dos décadas y la historia sigue más viva que nunca. Aplaudamos a quienes en vida siguen dándonos este elixir sin igual, a quienes ya no están por su memoria y legado, y a quienes al beberlo, al compartirlo, al respetarlo, mantienen una cadena que esperemos dure infinitud de katunes.

¡Salud por los 20 años de Real Minero y las personas que lo han hecho, lo hacen y lo seguirán haciendo posible!

¡Salud por la familia Ángeles Carreño que queremos y admiramos tanto!

Fotos: Real Minero

Y esto también lo escribí, pero ya no dio tiempo de su lectura así que lo dejo por acá

Aurora Toledo

Si existe una mujer que yo admiro en esta vida es mi querida amiga Aurora Toledo. Recuerdo cuando la conocí gracias a Pedro Sañudo y a Eduardo Lucero, que ya se nos adelantó y nos bebemos un mezcal en su memoria. No se me olvida aquel pollo garnachero, aquellas garnachas, aquellos dulces de limón con coco. 

Aurora es transparente, es una olla generosa, amplia, hirviendo, que siempre tiene un guiso delicioso y apapachador para quien desee acercarse y escuchar. Cocinera, istmeña con formación profesional en educación. Fundadora y propietaria de los restaurantes Zandunga en Oaxaca con casi 20 años de historia en Oaxaca. Nació en San Miguel Chimalapa, pero se crío en Ixtaltepec.

«Admiro a muchas mujeres, por ejemplo, recuerdo a las de mi pueblo que se han enfrentado a romper las cuestiones establecidas ahí, que se atrevían y qué bueno. Vengo de un lado donde nosotras tenemos mucho poder. Admiro a mi madre, a las mujeres con grandes canastas arriba de su cabeza y a todas las cocineras que por estos años de mi vida han pasado, las que hay en las calles, las poetas, las que de una situación difícil logran dar el salto y llegan hasta acá», dijo alguna de las tantas veces que la he entrevistado.

Si hay alguien que sabe de lo que se trata la horizontalidad y la busca es ella: «Quisiera pensar que ya no hay retos pero no. Hay muchísimas comunidades todavía donde hay mujeres que viven una marginación muy grande. Hay machismo todavía. El trabajo que nos toca a nosotras es seguir apoyando a que las nuevas generaciones vean cómo le hemos hecho quienes estamos al frente de proyectos. Que se inspiren. Que los hombres nos miren sí, pero lo primero que tenemos que hacer es mirarnos entre nosotras. Hacer equipo, tejer esa red y de ahí, enredar a más». 

¡Salud por mi querida Aurora, que es verdad y belleza!

Grupo Folklórico de Oaxaca A.C. 

Teresa García Pinacho sonríe al recordar los Sones y Jarabes de Betaza. Charlar de las memorias de los bailes de la Guelaguetza, de esa que era del pueblo, gratuita y comunal, le alegra y se le nota. Esta oaxaqueña se atavía con una falda larga y un huipil blanco, con una faja rosa mexicano y un rebozo blanco. De repente, Teresa no tiene edad, solo la boca llena de historias que la entrañan.

Opina que, aunque el traje es muy sencillo, influye mucho la agilidad que tengan las parejas para bailarlo. Y es que hay piezas para principiantes y otras más para quienes ya llevan camino y experiencias recorridas. Entre estos últimos –piensa–están los Sones y Jarabes de Betaza, de Yalalag o de Pinotepa Nacional. Considera que la gente la recuerda por su buena interpretación de El pato o El jarabe mixteco. Ser bailarina y maestra es lo que más ama hacer.

Ella es la actual directora general del Grupo Folklórico de Oaxaca A.C. Esta agrupación ha sido su vida y la de su esposo y compañero de andanzas, Arturo Ochoa Canales, quien tiene una larga historia con este colectivo dancístico independiente con más de 55 años de historia tras diferentes cambios y vaivenes como es costumbre en este estado lleno de contrastes políticos, sociales y económicos. En su casa, él muestra uno de sus retratos más preciados: una fotografía que le tomaron con Fidel Castro, quien fue su espectador en Cuba en 1974. 

Desde que esta agrupación inició, nunca se cobijó en ninguna autoridad, sino que fue autónomo desde su origen, dice orgulloso Arturo. Lo enfatiza porque es un logro mantenerse así ante los intereses económicos que puede representar lucrar con lo cultural o lo folklórico, sobre todo en épocas donde se dice a diestra y siniestra que visitar estas tierras «está de moda». Para muchas generaciones de familias y personas originarias del estado esto es lo cotidiano: valorar lo suyo, cuidarlo, enseñarlo y promoverlo.

¡Salud por el Grupo Folklórico de Oaxaca A.C. y su talento, por su búsqueda incansable de seguir haciendo eso en lo que creen profundamente!

Más sobre el Grupo Folklórico de Oaxaca

Proyecto LAM

Proyecto LAM —iniciales en honor de Lorenzo Ángeles Mendoza— es una iniciativa que une difusión, conservación, colectividad y enseñanza horizontal, pues el saber mezcalero integra academia y oficio. 

Buscan generar información sobre magueyes y mezcales para luego poderla compartir con otros productores, a fin de hacer democrático el conocimiento. Lo ideal sería que a todos les interese conservar estas especies y su legado cultural.

En la actualidad, se está generando, a través de estudios y registros, pero el reto posterior es llevar estos datos a un lenguaje más entendible, siguiendo los modelos de las escuelas de campo y de estrategias para hacer accesibles los temas científicos para los campesinos. 

LAM vive en Real Minero y cuenta con la asesoría del biólogo Matías Domínguez Laso, quien es investigador y autor de diferentes publicaciones relacionadas con biodiversidad, además de que tiene su propia organización sobre temas ecológicos, CoatziNatura. 

¡Salud por el proyecto LAM!

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